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Slackware cumple 25 años

Slackware cumple 25 años como la distribución GNU/Linux más longeva todavía en activo. Dicho de otra forma, Slackware no fue la primera, pero es la más vieja de cuantas existen actualmente.

Fue un 16 de julio de 1993 cuando, de acuerdo a las listas de correo oficiales, Patrick Volkerding anunció el lanzamiento de Slackware 1.0. Se trató de una primera versión muy escueta, como no podía ser de otra manera. Eran los albores de GNU/Linux: tan solo un año antes Linus Torvalds presentaba en sociedad el núcleo Linux y las distribuciones de la época hacían verdadero honor a su denominación, suministrando un sistema operativo básico que dista mucho de la completud, complejidad y cohesión que caracteriza a las distribuciones actuales.

Slackware 1.0 se basó en Softlanding Linux System (SLS), según recogen las crónicas (PDF), la primera en ofrecer “una distribución Linux completa que contuviese algo más que el kernel, GNU y otras utilidades básicas, incluida una implementación del sistema X Window”. SLS fue, de hecho, la distro más popular en su momento, pero como suele pasar en el mundo del código abierto, había ‘usuarios’ que no estaban del todo contentos con el producto y a diferencia de lo que ocurre con otros sistemas, tenían el código fuente a su disposición y con todas las facilidades de su licencia para meterle mano a fondo.

Hay que ver cómo son las cosas, pero del mismo modo en que surgieron distribuciones como Linux Mint, elementary OS u otras tantas de las más recientes y populares hoy en día, lo hicieron alguna de las más clásicas, todo porque la distribución “original” fallaba según los desarrolladores de las derivadas en algún aspecto en concreto. Del descontento para con la propuesta -mal mantenida y con más errores de lo deseable son las críticas más repetidas- de SLS, pues, surgieron directa o indirectamente distribuciones como Slackware o Debian, respectivamente.


Slackware 1.0, cuyo lanzamiento precedió incluso a la versión 1.0 del kernel Linux, se distribuyó en 24 disquetes de 3½” (1,44 MB cada uno), por lo que medio de instalación completo ocupaba menos aún que los instaladores por red actuales. Sea como fuere, todo esto pasó hace mucho tiempo y desde entonces la distribución ha avanzado un trecho, pero a su propio ritmo. Y es que Slackware es uno de esos proyectos de software libre que no sigue más convenciones que las suyas. Como muestra, un botón: su última versión, Slackware 14.2, data de julio del año pasado y entre sus principales novedades destacaba el entorno de escritorio KDE 4 o el gestor de arranque LILO. Así se las gasta Patrick Volkerding.

Porque Slackware ha sido desde sus orígenes el proyecto de Patrick Volkerding. El estadounidense es lo que en el mundo del código abierto se conoce no sin su dosis de cachondeo implícita como “dictador benevolente vitalicio”, apelativo que por lo general se refiere al líder de un proyecto relevante que admite la participación de otros, pero sin soltar nunca las riendas del mismo. Linus Torvalds es el gran ejemplo de “dictador benevolente vitalicio”, aunque hasta con estas cosas hay sorpresas y recientemente se ha dado un caso notable: el de Guido van Rossum abandonando la supervisión del desarrollo de Python.

El caso de Patrick Volkerding y Slackware, sin embargo, es diferente. Fiel al principio KISS (Keep It Simple, Stupid!), la fama que envuelve a Slackware la describe como una distribución para usuarios experimentados, de instalación trabajosa y mantenimiento sencillo, con gran soporte, estabilidad y rendimiento, pero muy alejada de lo que busca el usuario corriente del GNU/Linux contemporáneo.